Un homenaje ritual a Duncan abre el Festival de Danza de Itálica


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El Festival Internacional de Danza de Itálica abrió ayer sus puertas, y lo hizo con una apuesta fuerte. La dirección confió en la coreógrafa y performer sevillana Bárbara Sánchez para inaugurar el evento con su producción La satisfacción del capricho, un homenaje a la madre de la danza moderna, Isadora Duncan. Sobre el escenario, una pila de neumáticos coronados por un esqueleto, dos pequeños ataúdes blancos y nueve bailarinas que no dejaban de convulsionarse mientras que el público iba tomando asiento. Al otro lado, en las colmadas gradas del teatro romano, se podía notar la expectación. Con algo de retraso dio comienzo la actuación. Las mujeres se libraron de sus ropas para dar comienzo a una obra que no dejaría indiferente a nadie.

La escenografía anticipaba que todo lo que allí sucediese iba a estar ligado, de una manera u otra, a la figura de Duncan. La montaña de ruedas y la osamenta dirigían al espectador, de manera directa, a la muerte de esta gran bailarina, que perdió la vida en un accidente de coche. Los féretros pertenecían, sin lugar a dudas, a los dos hijos que tuvo que enterrar. A lo largo de la representación, otros elementos se encargaron de trasladar al público a los mundos de Isadora Duncan. La temática elegida, ese juego entre la vida y la muerte, era quizás el más evidente, pero también estaban presentes los ropajes, el color azul, el cabello suelto y los pies descalzos. Y, por supuesto, estaba presente el papel que jugó como mujer, como pionera, como, a fin de cuentas, feminista.

Durante una hora, el escenario se llenó de ruido y trance. Hubo palabras, música y silencio. En su conjunto, la propuesta parecía mecer al público hacia lo ritual, con reminiscencias al vudú y a las danzas macabras. Los estertores de muerte se confundían con el llanto de un recién nacido. Momentos de gran lucidez se alternaban con elementos ante los que los asistentes respondían con risas nerviosas silenciadas. Alguno incluso se atrevió con una carcajada. Aún así, no hubo nada capaz de eclipsar aciertos tan celebrados como el de introducir música en directo. El conjunto supo cómo hacer suya la magnífica acústica del teatro, y la manejó a su antojo para generar todo tipo de efectos.

El Festival ha confiado en la calidad de la creación propia de Sevilla y no le ha salido mal la jugada. Abrir todo un mes de danza era una responsabilidad muy grande, que La satisfacción del capricho superó con creces. A medio camino entre la calidad y la polémica, los cuerpos en éxtasis de esta obra coral lograron alcanzar la catarsis y transmitir al público todo un abanico de emociones, para bien o para mal.